De lo que vá este blog

Quien más quien menos, en algún momento de su vida, ha jurado por sus muebles, ponerse a dieta de forma irremediable, para fulminar “esos kilitos de más” (frase cursi donde las haya, no me digas que nó). Y quien más, quien menos, no encuentra el día adecuado para comenzar. Siempre surge algún “imprevisto”: un cumpleaños con el que no contabas, aquella cena que te habías olvidado que estaba planificada para este “finde” y no me voy a poner ahora a “plan”, porque sería de lo más inoportuno, total que “mañana empiezo con la dieta”

¿O NO? Ya. Lo sabía. Otr@ igual. Pssseee…. En fin, que esta página contiene de todo, menos recetas “milagro” para reducir michelines o mejunges “super-eficaces” que te harán reducir 14 tallas de pantalón. Hombre, tampoco pretendo que sea una oda a la caloría y las grasas. Ahí estás tú con tu sentido común para saber que este tipo de cosas como verdaderamente se disfrutan es de vez en cuando. Así que archívalo en el apartado de caprichos y date un gustazo en un momento dado. El equilibrio lo es todo.

Por lo demás y si hay que echarle la “culpa” a alguien de este blog, echádsela a Luise y Martha. A Martha porque me regaló una cocinita de juguete que se enchufaba a la red eléctrica y funcionaba como las de verdad. Tanto el mini-horno, como sus cuatro placas se calentaban hasta tal punto que podías cocinar ¡igual que los mayores!
Venía con un molde tipo plumcake y cuando en casa se hacía bizcocho de manzanas, yo cogía un poco de masa, la metía en el molde, decoraba mi pastel con una rodajita de manzana y esperaba pacientemente a que saliera el resultado deseado del horno. Aquello (para mí, por lo menos) era lo más cercano a un milagro. ¡Embobada me tenía el cacharro!

De Luise heredé un libro de recetas más antiguo que la pana. Una edición de 1945 con las páginas amarilleadas por el tiempo y con hojas de papel de cebolla, tan finas que tenias que tener cuidado de que aquello no acabara desarmándose por completo. De hecho, con los años, alguna de sus páginas se fué a tomar viento fresco, dejando alguna que otra receta incompleta. Lustros más tarde, me hice con una versión renovada, pero el recetario de Luise lo conservo como oro en paño. El caso es que de ese libro salieron mis primeras recetas y desde entonces no he parado.

¡Ah! Tal vez debería de decir que todo esto pasó en Alemania, que es donde me crié y Martha y Luise eran las señoras para las que mi madre trabajó en su momento. No las recuerdo como las “jefas” de mi madre si no casi como unas abuelas adoptivas. De hecho Luise vivía en el mismo edificio que yo y desde que levantaba un palmo del suelo, siempre andaba en su casa o mejor dicho, en su cocina. Siendo bien pequeñita, me encaramaba a una silla y me sentaba a la mesa para observar con total curiosidad cómo hacía su arroz con leche. Era el mejor arroz con leche del planeta (siempe después del asturiano, por supuesto… mi otra patria chica ;-)) y lo elaboraba de la forma más extraña que he jamás he visto. Una vez cocido, lo debaja reposar en la olla cerrada, que a su vez tapaba con …. ¡una manta! No me preguntéis por qué, ya que jamás lo supe. Según Luise eso le confería un sabor especial y sólo puedo decir que tenía más razón que un santo. Ella lo servía con compota de frutas de temporada. La que más me gustaba era la de cerezas. Nos solía dar una fuente enooorme y si mi madre no hubiera puesto remedio, yo estaba dispuestísima a zampármela en solitario.

Por cierto que Luise siguió trasteando entre sus perolos hasta casi los 100 años. El día que cumplió los 100 vino el alcalde de la ciudad a verla y apareció en la prensa local. Mi madre guardó el recorte y hoy en día soy yo la que lo conserva.

Bueno, pues eso: que Luise y Martha encendieron, sin saberlo, una mecha que desde entonces no se ha apagado. Y uno de los resultados es este blog, en el que iré recopilando, poco a poco, todas las recetas que he ido haciendo a lo largo de todos estos años. Básicamente serán recetas de repostería, pero puede que incorpore alguna cosilla salada. Muchas de ellas son alemanas, ya que la repostería alemana es de lo mejorcito que conozco. Allí existe una gran tradición. El propósito es compartir la elaboración de cosas ricas y aunque la pinta sea importante, no será lo que más prevalezca.

Me llaman muchísimo la atención las tartas fondant, con sus decoraciones tan vistosas. También los cupcakes me parecen alucinantes y sé que detrás de tanta maravilla, se esconde un trabajazo impresionante y de muchísimas horas. No obstante y hasta la fecha, no he dado con una tarta o cupcake, cuyo sabor, esté a la altura de su aspecto. ¡Ojo! Puede ser que no haya tenido suerte o que a mi paladar no le guste lo excesivamente dulce (detesto lo empalagoso). No es mi intención despreciar el trabajo ajeno, que repito, es tremendo. De hecho, algún día me gustaría hacer algún taller para conocerlo más a fondo. A lo que voy, es que aquí no se encontrarán recetas del cupcake de moda. Ya hay muchas, muchísimas páginas que publican este tipo de recetas. Y además prefiero hablar de algo que conozco a fondo. Así que habrá recetas de cosas ricas-ricas, que pueden tener un aspecto apetitoso (a medida que aprenda hacer fotos decentes, las publicaré) pero no “tan” estupendo, que hasta te dé pena comértelo. Más bien lo contrario.
Y ya está.

¿Que qué fué de la cocinita de juguete? Pues que cuando nos mudamos definitvamente a España, a mi madre no se le ocurrió mejor idea que regalársela a la hija de nuestra vecina de enfrente, que dicho sea de paso, prefería soltarle patadas a un balón, antes que ponerse con la cocinita. La cocinita era de los años 40, osea que no se trataba de un juguete convencional…. Me dí cuenta cuando llegó el camión de la mudanza y mi cocina no aparecía. ¡Qué disgusto! ¡Y mi madre callada hasta pasada la frontera! ¡Hay que ver! He visto que en Ebay hay alguna reliquia a la venta. Cuestan un pastizal y tengo la ilusión de hacerme con una, algún día. Pues eso: algún día…. 😉 Mientras tanto, que disfrutéis de este blog, al que espero aportéis muchas cosas. Sobre todo, estaré encantada si os animáis a elaborar alguno de los dulces y luego me “cascáis” qué tal os han salido.

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